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  En exposición del

  24 de Julio al 12 de Agosto

  del 2003                        Obras expuestas 

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Hugo Palma-lbarra: Un inagotable testimonio cultural

El quehacer de un artista puede, de hecho, ser objeto de una serie variada de intereses que sitúan tanto a su obra como al comportamiento creativo, en una red de interpretaciones y referencias multidisciplinarias, queconfiguran una visión del mundo a través del lenguaje visual.  En este sentido, la obra de Hugo Palma-lbarra, refleja no sólo su visión del mundo sino también los puntos de vista culturales que ha testimoniado a través de su arte.  En Proyecto 2003, Acto Segundo, presenta una totalidad de experiencias que nos remiten tanto a la intencionalidad del artista como al contexto socio-cultural en que la obra ha sido producida.

En su conjunto, Proyecto 2003, Acto Segundo, presenta un entramado de ideas y valores culturales: es un homenaje al pasado prehispánico, a la poesía de Rubén Darío y a una serie de contextos diversos, donde abundan las referencias literarias, mitológicas y filosóficas.  Revisitar el pasado para reformular su discurso estético, se convierte en el motivo fundamental de su arte más reciente.  Con la obra Testimonio (2003), inicia ese viaje en el tiempo para entonar un nuevo canto donde conviven dos mundos distintos, conformando un doble collage cultural: uno real, con los restos de alfarería prehispánica y otro virtual, con la historia fragmentada de la que surge la perspectiva multicultural del presente, llena de nuevos ritmos y nuevas inflexiones.

De la experiencia cultural e identitaria pasa a la literaria, representando, mediante una transposición pictórica, un cuento y un poema de Rubén Darío: La canción del oro (del libro AZUL... y La Oda a Roosevelt (Cantos de vida y esperanza). A través de una narrativa fragmentada, el artista se dedica a codificar la iconografía del párrafo en que Darío canta al oro "porque es heroico y luce en las corazas de los héroes homéricos... y en las manzanas del jardín de las Hespéridos".  El cuadro muestra cuerpos brillantes, corazas y manzanas con un dorado resplandor, haciendo eco al exaltado canto de un poeta visionario.  De Cantos de Vida y Esperanza, Palma-lbarra elige la Oda a Rooseveit para presentar las diferencias entre las dos Américas.  Las imágenes visuales actúan como conceptos y exponen tanto un sistema de pensamiento como un choque cultural: la cruz, símbolo del cristianismo, y la cerámica precolombina definen a la "América ingenua que tiene sangre indígena, que aún reza a Jesucristo y aún habla en español".  La antorcha de la Libertad, representada frente a la cruz, es un icono del poder utilizado por el artista para reproducir pictóricamente la protesta de Darío ante el colonialismo del Norte, expresada en dos versos memorables: "... y alumbrando el camino de la fácil conquista, la Libertad levanta su antorcha en Nueva York".  Las nociones de pertenencia, identidad y percepción de la realidad han sido reelaboradas en esta pintura, con un signo emancipador.

La universalidad de las ¡deas y la concepción platónica de la belleza están codificadas en Simposio (2003). En esta obra, el mito de la caverna está recreado a través de una narrativa donde el origen del conocimiento es interpretado como una reminiscencia: las sombras del primer panel, desligadas del cuerpo, simbolizan las Ideas que el alma contempló en su preexistencia, mientras que los desnudos se refieren tanto a la belleza corporal como a la eternidad de lo bello.  Otras obras como Los tres reinos (I, II y III) alusivas a reino animal, vegetal y mineral, Guirnaldas de otoño, La noche... convocan una significación múltiple junto con una fisonomía abarcadora de la realidad, vista como un universo regido por la diversidad.

En este breve recorrido por la pintura de Hugo Palma-Ibarra, se ha podido comprobar que el cruce de miradas ida y vuelta entre Europa y América, ha dado como resultado una pintura en la que intervienen préstamos culturales propios y ajenos, transformados en iconos portadores de valores universales.  A través de sus vivencias creativas y su lenguaje visual, Palma-Ibarra construye su propio universo pictórico a la manera de un gran palimpsesto, donde escribe y reescribe un discurso figural que dialoga tanto con el imaginario colectivo, como con las estructuras estéticas del presente y del pasado.

María Dolores G. Torres

Historiadora de Arte

Managua     junio 2003.